sábado, 20 de febrero de 2010

Identifican que 951 Mujeres integran pandillas
Fenómeno es producto de la desintegración familiar, la pobreza extrema, el desconocimiento de derechos y la falta de educación. Zonas donde hay más pandillas: San Juan de Lurigancho, San Juan de Miraflores, La Victoria, Rímac y el Callao
betinforma.-Según el último estudio de Violencia Juvenil de la Policía, el pandillaje a nivel de Lima y Callao ha dejado de ser exclusividad del sexo masculino. Se ha identificado que 951 mujeres integran activamente pandillas –barriales y escolares– y barras bravas
En San Juan de Lurigancho los pandilleros se reúnen -especialmente los jueves- en el paradero 7 de las Flores, en Mariscal Cáceres y en las zonas cerca al penal. Toman licor y se drogan en plena via pública. Estas pandillas tienen un líder, que es un potencial delincuente y microcomercializador, que recluta hombres y mujeres de 12 a 18 años, invitándoles trago, cigarros y drogas, convenciéndolos que son una familia y que se cuidarán. Despues los obligan a conseguir dinero. Y como no trabajan tienen que robar y llegan hasta la prostitución (hombres y mujeres) , los líderes emborrachan a las chicas, tienen relaciones y las filman, y cuando ellas quieren salir de la pandilla no pueden porque son chantajeadas y golpeadas, indica, Javier Salinas.
El papel que desempeñan las chicas en una pandilla es vital para los hombres. Las mujeres no solo “guerrean” cuando hay revueltas, sino que actúan de “soplonas” o “campanas”. Es decir, las utilizan para conseguir información.
Miembros del Escuadrón Verde de la PNP, detallan que las chicas son las encargadas de alertar al resto del grupo sobre las acciones que realizan la Policía o los integrantes de otras pandillas. También utilizan su belleza para enamorar a los hombres y desvían las investigaciones de las autoridades.
Las mujeres, a diferencia de los pandilleros, prefieren las armas punzocortantes, como los cuchillos y los machetes. No obstante, hay otras que sí utilizan armas de fuego. “Es muy difícil llegar a las pandilleras porque están acostumbradas a la vida fácil: robar, salir de fiesta y volver a delinquir”, dice la psicóloga Karen Sánchez Price. Este fenómeno es producto de la desintegración familiar, la pobreza extrema, el desconocimiento de derechos y la falta de educación.

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